E l general estadounidense John Allen, que se retiró el año pasado de la carrera militar tras verse envuelto en un escándalo sexual que le costó el cargo al director de la Agencia Central de Inteligencia David Petraeus, regresó al primer plano después de recibir la misión de coordinar la coalición contra el Estado Islámico.
"Estados Unidos ha pedido a uno de nuestros expertos militares más respetados y experimentados unirse al Departamento de Estado para servir como enviado especial presidencial en la coalición global contra el Estado Islámico", anunció el secretario de Estado, John Kerry, el 12 de septiembre.
"El general Allen es un patriota y un líder reconocido. Su extraordinaria carrera militar habla por sí misma. Y ha hecho un servicio público significativo sin uniforme desde que regresó a la vida civil. Su compromiso con el país y con el servicio ha sido duradero", afirmó el jefe de la diplomacia de Estados Unidos.
Kerry ha trabajado de cerca con Allen en los últimos años. No solo porque el general comandó las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y Estados Unidos en Afganistán entre julio de 2011 y febrero de 2013, sino porque tras su retiro también ha asesorado al Departamento de Estado.
Allen, por ejemplo, desarrolló un plan de seguridad para la Franja de Gaza durante las gestiones que Kerry realizó a principios de 2014 para que israelíes y palestinos lograran un acuerdo de paz.
Terreno conocido. La carre-ra militar de Allen comenzó en 1976 e incluyó actuaciones destacadas en los batallones de Marines en los que estuvo asignado y en las aulas de la Academia Naval, y alcanzó su cúspide en las dos últimas guerras en las que Estados Unidos se ha visto envuelto: Irak y Afganistán.
Entre 2006 y 2008 fue el comandante general adjunto de la Fuerza Multinacional en Irak. Allí fue protagonista junto con Petraeus, para entonces dirigente de la coalición, del cambio de rumbo en la estrategia para combatir la violencia sectaria que dificultaba la estabilización del país después del derrocamiento de Saddam Hussein.
El giro se produjo en 2007, el año más violento de la intervención porque la ofensiva insurgente disparó el número de víctimas (hubo 904 muertos y 6.000 heridos solo entre las tropas de Estados Unidos). Washington optó por empezar a pagar a las principales milicias sunitas para que combatieran del lado del gobierno de Irak.
La estrategia resultó exitosa a corto plazo: redujo 60% la violencia en el primer año, pero después ha sido cuestionada. El gobierno del ex primer ministro de Irak Nuri al Maliki cortó las ayudas a los milicianos y los excluyó de las fuerzas de seguridad, por lo que muchos de ellos combaten hoy con el Estado Islámico.
En Afganistán Allen también tuvo que afrontar una ola de ataques contra las fuerzas aliadas, lideradas por policías y militares afganos que están siendo entregados para encargarse de la seguridad del país. Su estadía allí también se vio empañada por vídeos de soldados orinando encima de cadáveres de talibanes o quemando textos religiosos.
Despido escandaloso. Cuan do la misión de Allen en Afganistán estaba a punto de terminar y su nombre sonaba como candidato a ser el comandante supremo aliado en Europa, el general se vio salpicado por el escándalo referido al intercambio de correos electrónicos entre Petraeus y su amante Paula Broadwell.
La polémica comenzó en noviembre de 2012, cuando la socialité Jill Kelley acusó a Broadwell de ciberacoso. Los investigadores del FBI hallaron que, además de los correos entre el director de la CIA y su amante, también había correspondencia inapropiada entre Allen y Kelley.
El escándalo puso en tela de juicio a las dos principales figuras de la guerra contra el terrorismo lanzada por el expresidente George W. Bush: Petraeus tuvo que renunciar al cargo de director de la CIA y Allen, aunque fue absuelto luego de la investigación, prefirió retirarse.
Pero no todos los juzgaron. "Parece justo preguntarse: ¿debemos ser más tolerantes con las debilidades humanas de a quienes les pedimos realizar tareas sobrehumanas? ¿Si no cambiamos nuestros estándares será inevitable que haya más escándalos sin sentido y carreras desperdiciadas?", dijo John Nagl, oficial retirado y experto en contrainsurgencia, a la revista Newsweek en marzo de 2013.
Escrito con Manuel Tovar. Publicado en El Nacional
Mi nombre es Alejandro Hinds Rodríguez. Nací en Caracas, Venezuela, el 20 de octubre de 1979. Me gradué de Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo, en la Universidad Católica Andrés Bello en 2002. Este blog recopila los artículos escritos durante mi carrera
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lunes, 22 de septiembre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
Amenaza terrorista sigue vigente a trece años del 11 de septiembre
Trece años después de que el grupo yihadista Al Qaeda secuestró aviones comerciales para estrellarlos contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y la sede del Pentágono en Washington, lo que provocó la muerte de casi 3.000 personas el 11 de septiembre de 2001, la amenaza terrorista parece mantenerse incólume.
En el último año, hechos como el asalto de un centro comercial en Kenia por parte de la milicia islamista somalí Al Shabab, el secuestro de 200 niñas en Nigeria por parte del grupo Boko Haram y el exterminio de minorías religiosas en Irak por parte del Estado Islámico han servido para recordar al mundo el peligro que representa el terrorismo.
Si bien ninguno de los actos terroristas recientes tiene las dimensiones de lo ocurrido en 2001 en Estados Unidos, no dejan de ser preocupantes. "No son más graves, pero son permanentes. Además muestran que el terrorismo de cierta manera se ha dispersado, lo cual lo hace más peligroso", advierte el internacionalista Carlos Romero.
Por eso la seguridad volvió a colocarse como prioridad de la agenda global, que durante el último quinquenio había estado más centrada en la crisis económica de 2009 y en la Primavera Árabe (como se llamó a los movimientos de protesta pro-democráticos en Medio Oriente que acabaron con las dictaduras de Egipto, Libia y Túnez).
"Si bien el terrorismo internacional es considerado una amenaza desde hace varias décadas, nunca lo ha sido con la intensidad y frecuencia actuales", escribió Antonio Gomariz Pastor, politólogo español con un master en Paz, Seguridad y Defensa en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid, en 2005.
Sus palabras siguen vigentes. "Cómo ha evolucionado esta amenaza desde ámbitos estatales o regionales al ámbito global, así como las respuestas sociales, culturales, políticas y de seguridad dadas desde las organizaciones internacionales, es lo que marca una nueva era en el sistema mundial", agregó entonces.
"El terrorismo es una cosa de este mundo, y sus causas, efectos y consecuencias deben ser entendidos dentro de un contexto histórico y político", recalcó Andreas Behnke, profesor de la Universidad de Reading, en un intento por contrarrestar la despolitización del fenómeno y la invocación de una metafísica del bien y del mal para explicarlo.
¿Historia repetida? El 11-S también colocó a la seguridad como prioridad, además de acabar con el optimismo que caracterizó a la década de 1990, consecuencia de la caída del comunismo. "Había esperanza en que los conflictos bélicos iban a desaparecer y la democracia se iba a imponer como modelo político", recuerda Romero.
Luego de los atentados, Estados Unidos con el respaldo de otros países emprendió las campañas militares de Afganistán en 2001 para derrocar al Talibán (acusado de proteger a Al Qaeda) e Irak en 2003 para acabar con la dictadura de Saddam Hussein (señalado de tener armas químicas que podían caer en manos de terroristas).
Ante las amenazas actuales, la respuesta ha sido más puntual. Estados Unidos ha usado drones para atacar las posiciones de integristas radicales en naciones como Yemen y Pakistán y, más recientemente, ha bombardeado objetivos de Al Shabab en Somalia y del Estado Islámico en Irak.
Los países de Europa, y especialmente Francia e Inglaterra, han respaldado varias de las iniciativas de Washington, pero han estado más involucrados en la contención de amenazas como la de Boko Haram. Nigeria, Níger, Chad, Togo y Benín le declararon la guerra a este grupo en mayo con el apoyo de París y Londres.
"Estados Unidos sabe que no puede ser el policía del mundo, pero al mismo tiempo sabe que no puede lavarse las manos ante lo que está pasando. La Unión Europea, por su parte, se ha visto limitada para responder por los problemas económicos y las diferencias de opinión entre sus miembros", señala Romero.
Entes como la Organización de Naciones Unidas también han incluido el combate de la amenaza terrorista entre las prioridades de su agenda, aunque tienen limitaciones para actuar. "El interés primordial de la ONU es la seguridad, para eso fue fundada, pero entonces se refería a los conflictos entre Estados", apunta Romero.
"Las organizaciones internacionales no fueron concebidas para tratar fenómenos como el terrorismo global actual, aspecto que no puede obviarse al analizar las respuestas que las mismas dan para definir, tratar y eliminar esta amenaza a la paz y seguridad internacional", precisó Gomariz Pastor en su texto.
Romero indica que, aunque sea un lugar común, la lucha contra el terrorismo tiene que plantearse como una estrategia de seguridad colectiva. "El desafío está en articular un conjunto de órganos y mecanismos eficaces, rápidos y aceptados por los individuos y las sociedades para enfrentarse al terrorismo de gran escala", anticipó Gomariz Pastor.
Publicado en El Nacional
En el último año, hechos como el asalto de un centro comercial en Kenia por parte de la milicia islamista somalí Al Shabab, el secuestro de 200 niñas en Nigeria por parte del grupo Boko Haram y el exterminio de minorías religiosas en Irak por parte del Estado Islámico han servido para recordar al mundo el peligro que representa el terrorismo.
Si bien ninguno de los actos terroristas recientes tiene las dimensiones de lo ocurrido en 2001 en Estados Unidos, no dejan de ser preocupantes. "No son más graves, pero son permanentes. Además muestran que el terrorismo de cierta manera se ha dispersado, lo cual lo hace más peligroso", advierte el internacionalista Carlos Romero.
Por eso la seguridad volvió a colocarse como prioridad de la agenda global, que durante el último quinquenio había estado más centrada en la crisis económica de 2009 y en la Primavera Árabe (como se llamó a los movimientos de protesta pro-democráticos en Medio Oriente que acabaron con las dictaduras de Egipto, Libia y Túnez).
"Si bien el terrorismo internacional es considerado una amenaza desde hace varias décadas, nunca lo ha sido con la intensidad y frecuencia actuales", escribió Antonio Gomariz Pastor, politólogo español con un master en Paz, Seguridad y Defensa en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid, en 2005.
Sus palabras siguen vigentes. "Cómo ha evolucionado esta amenaza desde ámbitos estatales o regionales al ámbito global, así como las respuestas sociales, culturales, políticas y de seguridad dadas desde las organizaciones internacionales, es lo que marca una nueva era en el sistema mundial", agregó entonces.
"El terrorismo es una cosa de este mundo, y sus causas, efectos y consecuencias deben ser entendidos dentro de un contexto histórico y político", recalcó Andreas Behnke, profesor de la Universidad de Reading, en un intento por contrarrestar la despolitización del fenómeno y la invocación de una metafísica del bien y del mal para explicarlo.
¿Historia repetida? El 11-S también colocó a la seguridad como prioridad, además de acabar con el optimismo que caracterizó a la década de 1990, consecuencia de la caída del comunismo. "Había esperanza en que los conflictos bélicos iban a desaparecer y la democracia se iba a imponer como modelo político", recuerda Romero.
Luego de los atentados, Estados Unidos con el respaldo de otros países emprendió las campañas militares de Afganistán en 2001 para derrocar al Talibán (acusado de proteger a Al Qaeda) e Irak en 2003 para acabar con la dictadura de Saddam Hussein (señalado de tener armas químicas que podían caer en manos de terroristas).
Ante las amenazas actuales, la respuesta ha sido más puntual. Estados Unidos ha usado drones para atacar las posiciones de integristas radicales en naciones como Yemen y Pakistán y, más recientemente, ha bombardeado objetivos de Al Shabab en Somalia y del Estado Islámico en Irak.
Los países de Europa, y especialmente Francia e Inglaterra, han respaldado varias de las iniciativas de Washington, pero han estado más involucrados en la contención de amenazas como la de Boko Haram. Nigeria, Níger, Chad, Togo y Benín le declararon la guerra a este grupo en mayo con el apoyo de París y Londres.
"Estados Unidos sabe que no puede ser el policía del mundo, pero al mismo tiempo sabe que no puede lavarse las manos ante lo que está pasando. La Unión Europea, por su parte, se ha visto limitada para responder por los problemas económicos y las diferencias de opinión entre sus miembros", señala Romero.
Entes como la Organización de Naciones Unidas también han incluido el combate de la amenaza terrorista entre las prioridades de su agenda, aunque tienen limitaciones para actuar. "El interés primordial de la ONU es la seguridad, para eso fue fundada, pero entonces se refería a los conflictos entre Estados", apunta Romero.
"Las organizaciones internacionales no fueron concebidas para tratar fenómenos como el terrorismo global actual, aspecto que no puede obviarse al analizar las respuestas que las mismas dan para definir, tratar y eliminar esta amenaza a la paz y seguridad internacional", precisó Gomariz Pastor en su texto.
Romero indica que, aunque sea un lugar común, la lucha contra el terrorismo tiene que plantearse como una estrategia de seguridad colectiva. "El desafío está en articular un conjunto de órganos y mecanismos eficaces, rápidos y aceptados por los individuos y las sociedades para enfrentarse al terrorismo de gran escala", anticipó Gomariz Pastor.
Publicado en El Nacional
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Terrorismo
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