El acuerdo de última hora alcanzado en el Senado de Estados Unidos para reabrir la administración pública y aumentar el límite de endeudamiento del país representa, en principio, una victoria para el presidente Barack Obama y una derrota para el Partido Republicano.
Obama y los demócratas ganaron porque no tuvieron que retrasar ni modificar la reforma sanitaria como exigían los republicanos, mientras que estos -y especialmente los del conservador Tea Party- perdieron porque no pudieron imponer esa condición, afirma la internacionalista María Teresa Romero.
Romero dice, sin embargo, que en el fondo ganan ambos partidos. "Ya estaban demasiado cuestionados tanto republicanos como demócratas. Todos hubieran quedado muy mal sin un acuerdo. La cesación de pagos hubiera tenido consecuencias negativas para Estados Unidos y para el mundo".
Agrega que también gana la ciudadanía, porque al expresar su descontento forzó el acuerdo. "En Estados Unidos, más allá de las disputas partidistas, siempre había estado por encima el interés nacional. Eso parece haberse perdido".
Romero recuerda que es la tercera vez que la lucha entre republicanos y demócratas pone en riesgo a Estados Unidos desde 2011. Ese año Obama tuvo que aceptar recortes programados para lograr la aprobación del presupuesto y en 2012 también hubo una disputa por el aumento del límite de endeudamiento.
Sin obstáculos. El acuerdo promovido por los senadores Harry Reid, líder de la mayoría demócrata, y Mitch McConnell, jefe de la minoría republicana, plantea la extensión del presupuesto federal hasta el 15 de enero y la ampliación del límite de la deuda hasta el 7 de febrero.
Obama logró el objetivo de que la reforma sanitaria se mantuviera casi intacta. La principal concesión hecha a los republicanos fue la verificación de los ingresos de quienes soliciten los seguros médicos subsidiados, para determinar si califican para el programa.
Los republicanos consiguieron que los demócratas aceptaran la formación de una comisión especial -integrada por legisladores del Senado y la Cámara de Representantes- para reducir el déficit fiscal, aunque sin recortes generalizados.
El acuerdo, que acaba con 16 días de cierre de instituciones públicas y elimina la posibilidad de que Estados Unidos se quede sin recursos para pagar sus compromisos, requería la aprobación de las dos cámaras. Tanto el senador republicano Ted Cruz como su compañero de partido John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes, mostraron su resignación al afirmar que no bloquearían el acuerdo.
En duda. El senador John McCain, ex candidato presidencial republicano, dijo que el acuerdo marcó el fin de una odisea de agonía para los estadounidenses y reprochó la actitud de sus compañeros de partido."Es uno de los capítulos más vergonzosos que he visto en los años que tengo en el Senado", dijo, en referencia a la insistencia del Tea Party por ligar las demandas sobre Obamacare al presupuesto federal y al límite de endeudamiento.
La situación vivida los últimos días avivó preocupaciones de que la crisis política se vuelva algo normal en Washington, porque la solución será temporal y dejará abierta la posibilidad de una nueva disputa a inicios de 2014.
Publicado en El Nacional
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